
Ηoy reiniciamos la República de los Sentidos como Blog. Y no me voy a poner ñoña con explicaciones nostálgicas porque no es mi estilo y me abandonaréis al segundo párrafo.
Mi amigo Rubén, Orea, en aquel primer programa de radio que llevó este nombre, ya me decía: “No sé cómo lo haces. Te vas de un texto a una música, de una música a una película. De una película a una filosofía… En serio, ¿cómo lo haces?”
Entonces realmente no sabía darle respuesta, hoy sé algunas cosas más, sobre todo sé más sobre mí, y sé que mi pensamiento no es lineal, sino divergente, y que no soy estúpida, sino que tengo altas capacidades, y que aquello que siempre había llamado procrastinar no siempre era tal cosa, pues en realidad muchas veces lo que hacía era nutrirme. Y es que nací pájaro, y como los pájaros pajareo de un sitio a otro cada vez que alzo el vuelo. Y sí, pajarear se me da bien. Es la única forma que tengo de encontrar mi alimento y no morir intentando ser perro, foca o león.
Así que esta mañana pajareando por Facebook encontré una noticia que capturó mi interés: Jadav Payeng, de la Isla de Majuli, en la India, había creado un bosque de la nada; un bosque a orillas del río Brahmaputra, que estaba ayudando a fijar el suelo de una isla que, de otro modo, podría desaparecer en 20 o 30 años, según la comunidad científica.
Si esto era cierto, El hombre que plantaba árboles ya no era solo el relato duro, hosco y tierno a la vez, de Jean Giono. La historia se hacía una vez más realidad. Y es que anteriormente (ya debe hacer unos años de esta otra historia) había leído otra noticia en la cuál un hombre y una mujer, también habían logrado el prodigio de repoblar una grandísima extensión de tierra árida. Pero no guardé los nombres ni el lugar donde aquella pareja dedicó su tiempo y sus cuidados para recuperar la vida y ahora lo lamento, pue creo que este tipo de personas merecen ser recordadas al igual que poetas, pintoras, bailarinas, y en general cualquier persona que dedique sus esfuerzos a hacer de éste un mundo mejor.
Curiosa como soy, y no siempre confiada, me lanzo a saber más de la historia de Payeng. Quiero corroborar si es cierta. Y lo es. ¡Qué maravilla!
Así que de la noticia me voy a un blog donde leo más sobre el asunto y allí descubro que en 2013 se rodó y premió un sencillo pero nada despreciable documental, sobre la azaña de Jadav Payeng, más conocido como Molai, y que ahora da nombre a su selva.
El documental fue premiado en Cannes y se ve en menos de 17 minutos, se llama Forest Man, “El hombre del bosque”, o como digo, más bien de la selva, que es lo que realmente ha creado. Aquí os dejo el enlace para que podáis disfrutarlo.
La selva que ha plantado Molai es tan hermosa, que todavía no logro entender cómo no son más personas quienes replicamos su ejemplo. Y comienzo por mí misma, que desde que conocí la historia de El hombre que plantaba árboles la he compartido con mi alumnado y ahora la vuelvo a compartir aquí, pero todavía no inicié mi plantación arbórea.
Yo no conocí el cuento por la novela corta de Giono, sino por la adaptación que se hizo con música de Paul Winter y narración de Lara López, en la versión en castellano en 1993.
Aquel cuento y aquella música, me acompañaron en una cassette grabada mientras conducía mi coche camino de mi primera escuela en Redován, de vuelta a casa, yendo al conservatorio donde me quedaban un par de asignaturas para graduarme, cuando volvía a Murcia para ensayar con Lugalbanda, cuando iba a Orihuela a aprender valenciano… Y así durante horas y horas, días y días de conducción entre tareas. En aquel momento siempre pensaba, algún día plantaré árboles igual que el hombre del cuento. Y todavía hoy pienso, algún día plantaré árboles igual que el hombre del cuento.
Cuando nació Òliver, comenzamos a leerle cada noche, sin excepción, a la edad de un año, y así hasta…
Bueno, esta es otra historia que merece ser contada en otro momento, que diría Michael Ende.
El caso es que si cada noche lees un cuento (y por mucho que nos guste a madre, padre e hijo la repetición) al cabo de 4 años has venido a leer… 4 por 280 días (por aquello de las repeticiones y otras circunstancias)… pues eso, muchas historias. Y los cuentos y álbumes se van agotando, y acabas leyendo cosas de más enjundia vocabularia y longitud. Y así un día tropiezo con el texto de Giono.
¡¡Estaba allí!! ¡¡Detrás del cristal de la vieja librería del carrer Ferran de Barcelona!! Era la historia que tantas horas de placer y paz me había dado mientras conducía. Era El hombre que plantaba árboles, en su versión original. Así que no lo pienso dos veces y lo compro. Y al regreso a casa sin revisar ni nada, me pongo a leérselo a Òliver, mi pequeño de 5 años. Y… aquí hay otra historia que viene a decir: “No leas nada a tus peques que no hayas leído tú previamente”.
Ni tres páginas nos duró la lectura. ¿Por qué? Esto te dejo que lo descubras tú misma, porque de eso va este blog y la Arteterapia, de buscar, de crear, de aprender cuando un@ está list@, y ya sabes lo que dicen: La maestr@ aparece cuando la discípul@ está preparad@.
Ah, por cierto, igual os estáis preguntando por qué la primera entrada de este blog parte de una noticia que tiene que ver con la naturaleza y no con el arte. Oooo, igual no. En cualquier caso me gustará escucharte. Siéntete libre de dejar un comentario o de escribirme personalmente. Siempre es bueno saber que hay alguien al otro lado.
Que la salud, el amor y la creatividad os acompañen hoy y siempre.
Namasté.